Adentrarse en la Patagonia durante el invierno representa un reto singular, especialmente cuando el objetivo es avistar pumas en la estepa. Este viaje demanda superar cuatro obstáculos fundamentales: la paciencia, el vasto territorio, el camuflaje del felino y su naturaleza solitaria.
La aventura comienza en un pequeño pueblo que se ubica en el cruce de rutas importantes. Facundo Nahuel Epul, un guía con vasta experiencia en safaris, lidera la expedición. Conocedor de la región, se prepara para rastrear al felino más grande de la Patagonia.
En esta época del año, las calles están cubiertas de nieve y el aire se siente helado. A primera hora de la mañana, Facundo recoge a los participantes y se inicia un viaje de tres días por la Ruta Nacional 40, en dirección sur, hacia zonas cercanas a campos privados y al Parque Nacional Patagonia. Durante el recorrido, se contempla la posibilidad de observar tanto pumas como la rica fauna de la provincia.
El paisaje, transformado por recientes tormentas, parece una postal antártica. La Meseta del Lago Buenos Aires se erige como un emblema en la región, ofreciendo un entorno que alberga una gran biodiversidad. El guía explica que el relieve de esta área está compuesto por mesetas escalonadas y valles fluviales, creando el hábitat perfecto para diversas especies, incluyendo guanacos, zorros y una variedad de aves.
El puma, conocido por ser uno de los felinos más esquivos del planeta, exige una combinación de paciencia y técnicas de rastreo. Facundo enseña a identificar señales de su presencia, como el comportamiento alterado de la fauna local o las huellas que deja en la nieve. También se deben observar a las aves carroñeras, que pueden indicar un avistamiento cercano.
La búsqueda se intensifica y, tras varias señales, el grupo se dirige hacia la zona de El Cañadón Caracoles. Allí, el guía y su equipo toman posición y comienzan a escanear con binoculares. La espera genera expectativa y, de repente, el avistamiento se produce: un puma y su cachorro son detectados en una pequeña cueva.
Con respeto y silencio, el grupo observa a estos majestuosos animales. Facundo explica que los machos adultos pueden pesar entre 55 y 80 kg, mientras que las hembras oscilan entre 30 y 60 kg. A diferencia de otros grandes felinos, el puma no ruge; en su lugar, utiliza una variedad de sonidos para comunicarse.
A lo largo de esta experiencia, los participantes no solo logran avistar a los felinos, sino que también disfrutan de la belleza del paisaje invernal. Perito Moreno se presenta como un punto de partida para explorar otras maravillas naturales, como el pueblo de Los Antiguos, famoso por su producción de cerezas, y las impresionantes Catedrales de Mármol en el lago General Carrera.
Esta expedición no solo brinda la posibilidad de observar la fauna salvaje, sino que también ofrece una conexión profunda con la naturaleza y el entorno patagónico, consolidando a la región como un destino turístico de interés internacional.
Fuente: La Nación











