En el ámbito político argentino, la división entre «ellos» y «nosotros» ha sido un tema recurrente que se agudiza en tiempos de elecciones. Esta polarización, conocida como la grieta, ha sido utilizada por diferentes actores políticos para movilizar a sus bases y plantear un discurso de confrontación.
El kirchnerismo, bajo la influencia del teórico Ernesto Laclau, elevó esta estrategia a niveles extremos. En la actualidad, el economista y político Javier Milei, figura emergente de la oposición, también adopta este enfoque, aunque lo hace invocando la libertad como bandera. Durante el evento titulado «Vientos de cambio», organizado por la Fundación Libertad y Progreso, Milei lanzó declaraciones que han generado controversia y alarma.
En su discurso, el dirigente no dudó en equiparar su propuesta política con las ideas de libertad, progreso y prosperidad, mientras que descalificó a sus oponentes como representantes de un «modelo decadente». En un tono alarmante, advirtió: «Si no ganamos, es porque como sociedad estamos decidiendo suicidarnos». Esta afirmación ha suscitado críticas y preocupaciones, dado el contexto social y los crecientes índices de suicidio en el país.
Según datos del Sistema Nacional de Información Criminal del Ministerio de Seguridad, la tasa de suicidios ha mostrado un incremento constante. En 2025, el número de decesos por esta causa alcanzó las 5209 personas, marcando un aumento del 22,6% en comparación con el año anterior. Especialmente preocupante es que entre los jóvenes de hasta 34 años, el suicidio se ha convertido en la principal causa de muerte, superando incluso a la inseguridad vial.
Las penurias económicas y la incertidumbre sobre el futuro se destacan como factores que contribuyen a esta alarmante situación. Las palabras de Milei, que reflejan un enfoque polarizante, pueden ser vistas como una falta de sensibilidad ante un problema social que afecta a miles de familias argentinas.
Este contexto plantea un interrogante sobre las implicaciones de la retórica utilizada por los líderes políticos y su responsabilidad en el discurso que promueven.
Fuente: La Nación











