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La Odisea Que Va a Quedar en los Libros

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Una crónica sin spoilers sobre La Odisea de Nolan, la primera película filmada cien por ciento para IMAX, y por qué se va a convertir en una de esas películas que en unos años se van a estudiar.

Por María Alquezar.

Hace dos días fui al cine a ver La Odisea. Viajé más de cuatrocientos kilómetros para verla en IMAX y no me arrepiento ni un segundo, porque lo que viví ahí adentro fue, sin exagerar, la mejor experiencia de cine de mi vida.

No hablo solo de la pantalla gigante o del sonido que te vibra en el cuerpo, aunque eso también fue una experiencia en sí misma, y una experiencia enorme. La pantalla te tapa por completo el campo de visión, no ves los bordes, no ves la sala, solo ves la película, y el sonido no lo escuchás, lo sentís, te retumba en el pecho en las escenas de tormenta y de batalla. Es otra forma de ver cine, no es una versión más grande de lo mismo, es directamente otra cosa. Y hablo de la película también. La Odisea es la primera filmada cien por ciento para IMAX, y ya eso la pone en un lugar histórico. Pero lo que más me quedó dando vueltas estos días no es ese dato técnico, sino todo lo que hay detrás de él.

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Nolan usó mínimo CGI. Construyeron maquetas reales, escenarios reales, y eso se siente en cada plano. Cinematográficamente es impecable, y esa decisión de volver a lo físico, a lo tangible, es justo lo que hace que la película no envejezca ni se sienta artificial. Es cine hecho como se hacía cuando el cine todavía tenía que resolver las cosas con las manos, y en un momento donde todo se resuelve con una computadora, ver eso en pantalla grande pesa distinto.

El elenco es un elenco de actorazos, y aun así lograron sorprenderme. Matt Damon está impresionante como Odiseo, con una construcción que no es la del héroe perfecto sino la del héroe trágico, ese que cae por su propia naturaleza, por sus propias decisiones, no por un villano de afuera. Eso lo hace mucho más humano. Anne Hathaway sostiene su parte con una fuerza tranquila, y Robert Pattinson suma una capa que no me esperaba, distinta a todo lo que le vi hacer antes.

Y ahí está lo que más admiro de esta película: cómo trataron la mitología. Todo lo de Atenea, todo el aparato mítico, está tratado con una lógica casi terrenal, como si esos personajes lo hubieran vivido de verdad, como si esto les hubiera pasado a personas reales en un momento real. No apostaron por la fantasía, aunque el material se prestaba de sobra para eso. Apostaron por algo más crudo, más anclado a la tierra, y funciona muchísimo mejor así.

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La Odisea se adaptó cientos de veces, en cine, en teatro, en series, y con una historia tan conocida el riesgo siempre es el mismo: contarla de la manera esperable, ir a lo seguro. Nolan no hizo eso. Tomó decisiones de storytelling que podrían haber ido para cualquier lado y no se equivocó en ninguna. Se nota que no quiso hacer una versión más de la Odisea, quiso hacer su Odisea, y esa apuesta es la que hace que toda la película se sienta distinta a lo que uno esperaba, aunque conozca la historia de memoria.

La historia tiene cinco mil años. Y aun así no se sintió repetida ni vieja en ningún momento, se sintió fresca, viva, como si la estuviera escuchando por primera vez. Se me pasaron las tres horas volando, algo que a mí, que amo el cine y podría quedarme horas en una sala, no me pasa tan seguido con películas de esta duración.

Podría seguir hablando de esta película todo el día. De cada detalle, de cada decisión, de todo lo que Nolan se animó a hacer cuando podría haber elegido el camino fácil. Pero me quedo con esto: La Odisea no es solo una buena película. Es una película que en unos años se va a estudiar, no solo por lo que significó el día que se estrenó, sino por lo bien hecha que está.

NMDQ

Fuente Noticias MDQ

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