En un entorno natural caracterizado por calles de tierra y rodeado de pinos, acacias y tamariscos, se erige una casa de veraneo diseñada por el arquitecto Miguel Cazalás. Situada en el barrio Dunamar, este proyecto busca integrar a la familia con su entorno, ofreciendo un refugio que respeta la identidad del lugar.
Diseño Sencillo y Funcional
La construcción, que abarca un área de 220 m² cubiertos y 122 m² semicubiertos, presenta un diseño cúbico con un techo a cuatro aguas. Cazalás describe la propuesta como «sencilla y conceptualmente austera», destacando el vínculo constante entre los espacios interiores y exteriores. La elección de un módulo para la instalación de la salamandra, pintado de negro, permite que este elemento se integre sin competir con la calidez de la madera presente en toda la casa.
Elementos Estéticos y Funcionales
El interior de la vivienda destaca por el uso del blanco y la madera cálida, creando un ambiente acogedor. Las ventanas ojo de buey, un clásico de la arquitectura costera, aportan un toque estético significativo, variando en su diseño según la habitación. Por ejemplo, la ventana de la cocina cuenta con un marco de kiri, mientras que la que da al exterior es blanca, complementando la fachada.
Privacidad y Espacios Sociales
La proximidad del terreno al mar, a solo 50 metros, fue un factor determinante en la compra. Sin embargo, para garantizar la privacidad en temporada alta, se construyó un muro perimetral de troncos de eucalipto. Este espacio exterior se convierte en el corazón social de la vivienda, permitiendo disfrutar del aire libre en un entorno íntimo y protegido.
Innovación en la Construcción
Una de las características más innovadoras del proyecto es el uso de un techo de paja tejida, una técnica común en la costa uruguaya. Este sistema, realizado artesanalmente y apoyado sobre vigas de eucalipto, no solo es estéticamente atractivo, sino que también ofrece un excelente comportamiento en términos de climatización y resistencia al agua.
Comodidad y Estilo en el Interior
En la planta alta de la casa se ubica la suite principal, junto con dos dormitorios, un baño y un lavadero con acceso a un balcón. El contraste entre el techo inclinado de paja y los interiores blancos, junto con luminarias direccionales, crea un ambiente acogedor y funcional. Además, se incorporaron soluciones de almacenamiento que se integran discretamente con el diseño general.
Conexión con la Naturaleza
El acceso a la casa se realiza a través de decks de madera que cruzan un terreno arenoso, realzando la experiencia de estar inmerso en la naturaleza. Con ventanales que se abren al exterior, los espacios interiores y exteriores se funden, prolongando la vida de la casa hacia el jardín y ofreciendo un entorno ideal para disfrutar del verano.
Fuente: La Nación











